365 Insólitas

A menudo soy cómplice de mi propio silencio. Intento habitar en él hasta que me inunda de dolor, y es entonces cuando el arte aparece para rescatarme. Admito que las palabras no son mi mejor arma de expresión, pero sí lo son los sentimientos y por ello los expulso desde dentro de mí para convertirlos en algo material que yo misma transformo a mi antojo. Si algo me duele lo manipulo y redecoro hasta que no quede sufrimiento, y si algo me hace feliz lo decoro para enseñárselo al mundo.
Algún día me gustaría ser artista, poder ser reconocida y que no solo un número limitado de personas sintiera mi arte, sino todo el mundo. Sé que es difícil, pero la vida también lo es y aquí seguimos, sobreviviendo.
Mi mayor miedo sería no tener esta forma de expresión, la cual me facilita sanar las heridas. Habrá gente que no lo apreciará, o no sabrá entenderlo, pero a mí me da igual, porque el que realmente quiera vendrá a mis espacios algún día, y el que no quiera vivirá en la ignorancia de mí, mientras tanto, yo, estaré abierta al mundo.
Cada día que pasa me reencuentro más, poco a poco me voy conociendo y sé que darme artísticamente. El hogar y sus elementos son mi debilidad. Quiero seguir aprendiendo, conociendo, experimentando, transmitiendo y, sobre todo, creando. Hasta que ya no pueda más, o hasta que ya no queden malos recuerdos.

If there is anything that can move us towards creating art,  it is inevitably our own feelings and personal experiences.

Such is the nature of this outstanding exhibition that will make you feel the pain and emptiness of a personal loss.

When love hurts, we enter our private hell, which has no straight way out. We struggle, we try to unblock our paths and some, very few fortunate ones translate their agony in art... Direct, fresh and painfully clear expression of lost love presented in eight powerful self-portrait images...

Selma Terzic Bibanovic.