Blog

La artista se convierte en modelo y el arte en terapia

La artista se convierte en modelo y el arte en terapia

La turolense expone ‘Ardilla’ en las cristaleras de Caja Rural de Teruel, una de las muestras del Festival Internacional Teruel Punto Photo 2017

 | Miguel Ángel Artigas Gracia |

La jovencísima artista turolense Alba Mozas se desnuda interior y exteriormente en su proyecto Ardilla, una de las exposiciones de fotografía que pueden verse durante este mes de agosto en Teruel, en su caso en los escaparates de la Caja Rural en la capital, dentro del contexto del X Festival Internacional Teruel Punto Photo.

En el proceso que discurre entre la pulsión interior que mueve al artista a desarrollar una creación hasta la manifestación plástica que producto de ella suelen perderse cosas por el camino. Es un proceso sujeto a la autocensura inconsciente del propio artista, que se debate en qué mostrar de sí mismo y qué ocultar al público.

Pero ese no es el caso de Ardilla, en el que Alba Mozas vence cualquier impulso de pudor para mostrar al público exactamente lo que quería reflejar. Ardilla es una serie compuesta por ocho fotografías que fueron realizadas en 2016. El proyecto surgió a raíz de una ruptura sentimental con su primer amor, de la sensación de cercenamiento y del torrente de sentimientos que suelen desatarse en esas circunstancias. Son imágenes de su propio cuerpo en lugares que han tenido un importante significado en el contexto de una historia de amor que ya pertenece al pasado. Ese significado se ha borrado o, al menos, a mutado su naturaleza, y a través de su expresión Mozas trata de que afronten el futuro con la vocación de acumular un nuevo pasado.

Las imágenes están realizadas en su propia casa porque el tema transversal del hogar es fundamental para Alba Mozas, que desde el punto de vista artístico no entiende la expresión de un sentimiento descontextualizándolo de su ubicación espacial.

Están tomadas con ayuda de otra fotógrafa turolense, Selma Terzic, porque algunas de ellas era técnicamente imposible que las realizara ella misma con trípode, ya que su propio cuerpo, en ocasiones desnudo, es el principal objeto fotografiado y herramienta artística.

Incluso el título de la exposición, Ardilla es un quemar las naves en ese propósito de entregar su intimidad expresiva al público, ya que esa palabra es una clave interna que utilizaba Alba Mozas para referirse al amor.

“Es verdad que es desnudarse por completo ante la gente”, reconoce Mozas, “pero más bien es hacerlo ante mí misma”. La artista explica que en este proyecto ha utilizado su propio cuerpo como herramienta, “y me he dado cuenta de que me gusta mucho porque tiene muchas posibilidades y es más directo expresar aquello que quieres a través de ti misma, que de otras personas”.

Ese discurso hacia fuera pero también hacia dentro tiene que ver con el efecto terapéutico que el arte y la creación tiene para Alba Mozas. Ya lo conocimos con 365, una instalación escultórica que realizó inspirada en una querida familiar,fallecida en 2012. “Yo siempre trabajo con recuerdos o experiencias que me han dejado alguna herida. Todo lo que transformo en arte se cura, porque puedo manipularlo y sacarlo de dentro para crear algo bonito que siempre quede como recuerdo”. Mozas es categórica cuando afirma que “Cada vez que enseño lo que hago curo una herida”.

Cada una de las ocho fotografías que pueden verse en la Caja Rural de Teruel llevan por título un sentimiento “del que me he quedado vacía tras esa ruptura”, seguido del latiguillo “0% cargando”, que hace referencia al inicio del proceso de recarga, de esa especie de reseteo que busca Mozas con la creación de Ardilla.

Así, placer, madurez, alegría, pasión, calor, deseo, experimentación y amor son los conceptos que se trabajan en la muestra, cada uno con una fotografía, de una forma tan sutil, tan poco evidente y, probablemente, tan cargadas de claves personales de la propia artista, que no son tanto un enigma a descubrir –porque resultaría del todo imposible hacerlo para cualquiera que no sea la propia Alba Mozas– sino más bien una invitación a reflexionar sobre lo que esos sentimientos, en su sentido más laxo, referencian para el observador.

Excepto dos de ellas, todas las imágenes cuentan con un tratamiento de fotomontaje que convierte a algunas de ellas en dignas del mejor desvarío surrealista de Buñuel, inspiradas en artistas como Hans Bellmer o Hannah Höch.

Cuando Mozas empezó a interesarse por la fotografía reconoce que odiaba el fotomontaje, innecesario a su juicio para un auténtico fotógrafo. “Pero luego me he dado cuenta de que el fotógrafo tiene que estar continuamente evolucionando y experimentando, y en ese sentido el fotomontaje es una especie de temática, como si fuera una paleta de color diferente que puedes trabajar en determinados casos”.

La mayor parte de los trabajos que ha presentado Alba Mozas, en su etapa en la Escuela de Arte de Teruel o ahora, como alumna de Bellas Artes, han tenido que ver con la escultura, la instalación y la performance, disciplinas con evidentes nexos en común.

Sin embargo en su interior se encuentra latente una fotógrafa –”me gustaría llegar a ser un día una buena fotógrafa y considerarme como tal”, asegura–. Influída por su tío, Luis Fernando Gómez, Mozas siempre ha llevado la fotografía dentro, y la afición empezó a transformarse en imágenes hace unos seis años, cuando él le regaló su primera cámara. “Yo empecé haciendo sobre todo escultura y performance. Cuando modelas puedes crear con tus manos algo que antes no existía, pero me he dado cuenta de que con la fotografía pasa exactamente igual. Puedes fotografiar al natural, manipular la realidad que fotografías e incluso retocar digitalmente para hacer algo radicalmente diferente”.

Puede verse el trabajo de Alba Mozas en www.albamozas.com

 | Miguel Ángel Artigas Gracia autor del texto y periodista de la noticia.

Fuente: El Diario de Teruel

Alba Mozas

  El hogar siempre ha sido una constante en el trabajo de Alba Mozas. Su obra parte de este leitmotiv para explorar la maternidad, la soledad, la discapacidad, la búsqueda de uno mismo o la sexualidad. Su Mamá (2014), en que fusionaba la escultura con la performance, fue primero presentada en la Plaza de la Catedral de Teruel en la intervención efímera Mudar la Piel y más adelante en la Cámara de Comercio de Teruel. Era un primer aviso de lo que estaba por llegar. La relectura de Louise Bourgeois le valió la oportunidad de conseguir una beca DKV en Valencia donde presentó por primera vez su escultura Trescientos sesenta y cinco (2014) en la Universidad Politécnica de Valencia con la que ganó una mención especial del jurado. Más tarde este trabajo fue ampliado y la obra se convertiría en parte central de la exposición presentada en la Escuela de Artes de Teruel en febrero de 2015 bajo el título 365.

  Fue la primera gran muestra de la artista y es la que hoy día es esencial para entender su mirada hacia el mundo y el arte: la casa también presente en su logo -, la ironía, los dobles sentidos y la carga emocional de una pérdida familiar se mezclaban en una propuesta multidisciplinar que exhibía al visitante pintura, escultura, instalaciones y poemas de Carmen Moral. Fue ella una estrecha colaboradora para la que más tarde diseñaría la portada de Salvaje Intimidad (2016). Todo este trabajo la llevó a poder relacionarse en 2016 con artistas consagrados del panorama español: María Carmen Samper en Cosa de dos y el siempre polémico Abel Azcona en una intervención en los Pozos de Caudé, Desafectados, sobre los fusilados durante la Guerra Civil Española. Su experiencia en el terreno performativo hizo que también se iniciase este 2017 como actriz y participase en un anuncio de la marca Acuarius y en la película Irracional de Manu Ochoa. Su última gran exposición fue la que organizó en el espacio Luvitien bajo el título Ardilla. Estaba formada por varias fotografías tomadas por Selma Terzic. Componían un panorama irracional, siempre introspectivo y evocador de vivencias y recuerdos. Al mirarlas recordaban el más puro surrealismo de fotógrafos y pintores como Man Ray, Max Ernst o Hans Bellmer. A su inauguración acudieron las personalidades destacadas de la vida artística turolense que, sin duda, quedaron sorprendidas y están esperando todo lo que está por llegar de esta artista.

Por: Juan Carlos Calvo

Ilustración realizada por Alba Mozas, de la portada ``Ardilla´´ siendo parte de esta colección.

¿Qué opinas del arte?

``Del surrealismo al psicoanálisis. La poesía completa de la argentina es una galería de sus traumas, amores - lésbicos o no - y pánicos. ´´

   Escribe de jaulas, de barcos, de ojos. De vinos, de cielos, de lunas. De azares, de flores y de piedras-muy- pesadas. Es surrealista, sexual, depresiva. En sus poemas es de noche y hay una caja de barbitúricos cerca, por si apetece decir "hasta aquí" y descolgar el teléfono para siempre. Es una niña monstruo: una mística, una hembra revolcada en el despojo; tan frágil que no está nunca -porque siempre se acaba de ir- y tan sensorial que vive en los objetos de tu casa. No duele, pero duele en todas partes.

``Tú eliges el lugar de la herida´´

Cuando era pequeña, lloraba su acné y se dopaba a anfetaminas para bajar de peso. Se volvió adicta a las pastillas y vivía a caballo entre el insomnio y la euforia.

Reventaba a complejos. Tenía celos de su hermana mayor. Tartamudeaba. Sus padres eran joyeros, inmigrantes judíos de origen ruso y eslovaco. Ella hablaba español con acento europeo y se sentía extranjera en cualquier lado, hasta en su lengua.

``Ellos y yo sabemos / que el cielo tiene el color de la infancia muerta´´

Se retuerce una y otra vez en sí misma, toqueteando su identidad, cercándose. O una pared que tiembla. Tiene un ojo esotérico y habla con los muertos. Ella quería, en realidad, amor: un amor mesiánico que viniese a salvar. Un amor que llegase y punto, para el que no hubiese que hurgar, que forzar, que provocar nada.

Buscar no es un verbo, sino un vértigo. No indica acción. No quiere decir ir al encuentro de alguien, sino yacer porque alguien no viene".

Dicen que su familia mutiló sus diarios por pudores.

Su sexo era sólo violento.

"Hoy llegué a un pobre orgasmo después de imaginar mucho tiempo que los nazis me apuntaban y me entregaban a un militar tenebroso y muy temido, que me castigaba mientras fornicaba conmigo... de todos modos, lo esencial es esto: me excita que me castiguen".

Muchos de sus poemas son vaginas abiertas; y eso la arrastró a convertirse en un icono del feminismo. Por sacar la cabeza como poeta cuando otras no pudieron. Por hablar de erotismo, de frustración y de desgarro. Se suicidó a los 36 años, con 50 pastillas de Seconal. Por fin salió de su Infierno musical, de sus silencios sordos, de sus noches con colmillos de lobo, de sus licores furiosos. Quería morir como muere un animal pequeño en los cuentos para niños.