A menudo soy cómplice de mi propio silencio. Intento habitar en él hasta que me inunda de dolor, y es entonces cuando el arte aparece para rescatarme. Admito que las palabras no son mi mejor arma de expresión, pero sí lo son los sentimientos y por ello los expulso desde dentro de mí para convertirlos en algo material que yo misma transformo a mi antojo. Si algo me duele lo manipulo y redecoro hasta que no quede sufrimiento, y si algo me hace feliz lo decoro para enseñárselo al mundo.

  Algún día me gustaría ser artista, poder ser reconocida y que no sólo un número limitado de personas sintiera mi arte, si no todo el mundo. Sé que es difícil, pero la vida también lo es y aquí seguimos, sobreviviendo.

  Mi mayor miedo sería no tener esta forma de expresión, la cual me facilita sanarme de las heridas. Habrá gente que no lo apreciará, o no sabrá entenderlo, pero a mí me da igual, porque el que realmente quiera vendrá a mis espacios algún día, y el que no quiera vivirá en la ignorancia de mí, mientras tanto, yo, estaré abierta al mundo.

   Cada día que pasa me reencuentro más, poco a poco me voy conociendo y sé que darme artísticamente. El hogar y sus elementos son mi debilidad. Quiero seguir aprendiendo, conociendo, experimentando, transmitiendo y sobre todo creando. Hasta que ya no pueda más, o hasta que ya no queden malos recuerdos.

  Hui en dia, més que mai, l’esser humà es sent sol i recloent-se a la seva zona de confort acabem convertint-nos en una mena d’objectes, uns autòmats. Aquesta paradoxa que presenta la societat contemporània és el que primer ve al cap al veure les fotografies d’Alba Mozas. La pròpia artista s’exposa davant de l’espectador, de manera transparent i nua, a unes preses fotogràfiques que cavalquen entre el simbolisme i el surrealisme i on el protagonista, per damunt seu, és el silenci, cosa que es deixa veure des del mateix cartell i envaeix les composicions a mode d’eco buit. D’altra banda, el llenguatge del que es fa servir combina la dialèctica entre la part i el tot centrant-se, com s’ha dit, en el seu cos mitjan la supressió, transposició i repetició d’aquest; però amb un toc costumista als espais, així com als objectes que l’acompanyen, que ajuda a l’espectador a endinsar-se a les obres i identificar-se amb les sensacions que se’ns ofereixen. En definitiva, A. Mozas s’obri a l’espectador amb aquesta exposició de temàtica contemporània, però inevitablement cada dia més universal en el seu missatge, des del punt de vista més social, amb la intenció d’apel·lar a qui s’arribe a ficar cara a cara amb l’obra.

 

Marc Millan - Historiador del Arte